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El mercado se rinde a las nuevas fórmulas de Ahorro

(Artículo en el suplemento “Seguros” de El Economista – Virginia M. Zamarreño)

Ahorrar o consumir. Como si de la duda de Hamlet se tratara, los españoles, especialmente los más jóvenes, se devanan los sesos entre un salario que casi no alcanza para llegar a fin de mes y la certeza de que necesitarán ahorrar para poder complementar su futura pensión pública de jubilación.

Pero, a diferencia de una de las obras maestras de la literatura universal, poder ahorrar para el futuro no es un drama. O, al menos, no debería serlo, porque el mercado ofrece cada vez alternativas más flexibles y originales para poder comenzar a ahorrar poco a poco, sin tener que renunciar a -casi- nada.
Seguro que estará harto de leer que la tasa de ahorro financiero de las familias españolas está por debajo de la media de los países que nos rodean; que ese ahorro está dedicado a otros activos menos eficientes -porque resulta más complicado hacerlos líquidos cuando se necesita echar mano de un capital adicional- como la vivienda, que debemos ahorrar más y mejor. Aunque se trata de cuestiones veraces e importantes, la culpa de la falta de ahorro no recae solo en el ahorrador. El sector financiero -y la regulación- tienen también algo de culpa. El primero, porque no consigue diseñar productos sencillos y atractivos que consigan enamorar al ahorrador; la segunda, por su necesaria rigidez.
Pero en los últimos meses se está abriendo hueco la flexibilidad en los productos de ahorro. Y no solo por la entrada en vigor del reglamento de planes y fondos de pensiones que abre la recuperación del capital invertido en este tipo de productos a los diez años de su constitución.
La irrupción de las compañías fintech -insurtech en el caso del sector asegurador- ha abierto la vía a soluciones alternativas al ahorro de siempre. Algunas, incluso, logran romper con la ancestral dicotomía ahorro-consumo. Se trata de Pensumo, una startup que permite a sus usuarios ahorrar para su jubilación a la vez que consumen. José Luis Orós, CEO de Pensumo y miembro de la Asociación Española de Fintech e Insurtech (Aefi), explica que Pensumo es la marca que da nombre al modelo de ahorro Pensión por Consumo. “Se trata de un ahorro no voluntario que proviene de los micropagos que las empresas y comercios hacen a los usuarios en un producto de ahorro individual, como premio económico -un cashback a futuro- por fidelidad cuando compran en sus establecimientos y también como premio económico cuando
realizan acciones sostenibles como el reciclaje, el consumo cultural, el voluntariado…”.
Fue al propio Orós a quien se le ocurrió la idea mientras trabajaba en el departamento de marketing y comunicación de unos grandes almacenes, tras preguntarse “¿Qué es lo máximo que podemos dar a nuestro cliente?: seguridad en el futuro”.
Pensumo parte de una idea poco convencional: “Partimos de la premisa que el dinero no es un bien en sí mismo; es un -antiguo- invento social para hacer practicable la economía”. En este contexto,

José Luis Orós recuerda que la sociedad española y la europea cambian de forma vertiginosa, y lo hacen porque “disponemos de una tecnología cada vez más sofisticada y accesible al total de la ciudadanía, pero también porque contemplamos la economía con otra perspectiva, los modelos de negocio basados en la economía colaborativa van a proliferar cada vez más”.
El CEO de Pensumo está convencido de que el ahorro se podría hacer más atractivo “incorporando paulatinamente nuevos patrones de medición de la riqueza: no sólo el trabajo y el salario, también las acciones responsables, la formación continua, la solidaridad, los valores… las criptomonedas deben ser el puente hacia ese ahorro de valor que es una auténtica moneda social”.

Alternativa al ahorro tradicional
El objetivo de Pensumo es que los consumidores de hoy puedan aprovechar sus compras para ir constituyendo un ahorro a largo plazo a través de una póliza convencional. Este es un ejemplo de la colaboración entre las compañías de seguros tradicionales con las insurtech, que seguirá dando buenos frutos en los próximos años.
“Al final, el ahorrador de Pensumo tiene la misma póliza convencional que el ahorrador tradicional. La diferencia es lo que hace cada uno para conseguirlo. El tradicional realiza pagos periódicos desde su cuenta corriente a su póliza. El pensumista consume, recicla, lee, corre, ayuda, etc., para convertir esas acciones en saldo a su favor. El valor dinero puede ser el mismo, pero el origen es totalmente distinto”, explica José Luis Orós.
Hasta ahora la insurtech cuenta con cerca de 3.000 pensumistas activos: “Son la prueba firme para la implantación de nuestro sistema en empresas con un alto número de usuarios consolidados a los que se les ofrecerá participar en el mismo”, explica Orós, que añade que “también hay una línea muy importante en la que son los colectivos de trabajadores quienes recibirán prima en póliza a cambio de sus acciones voluntarias, medidas a través de la app”.
El modelo de negocio de Pensumo, además, ha sido respaldado por la Comisión Europea (H2020SME) dentro del topic Nuevos modelos de negocio para sociedades inclusivas y reflexivas, “lo que hace que el valor de la propuesta sea sólida y con gran futuro”, concluye José Luis Orós, fundador y CEO de Pensumo.IMG-20141029-WA0017

Innovar en pensiones

“Artículo del día” en El Periódico de Aragón del lunes 22 de mayo de 2017

Por José Luis Orós

El debate de las pensiones, va mucho más allá de pensiones públicas y/o pensiones privadas.

La premisa principal es que el Estado debe garantizar un subsidio económico, con el que cualquier ciudadano pueda vivir dignamente –pensiones no contributivas–. Otra premisa es que las cotizaciones por trabajo durante la vida laboral, configuren la cuantía de la pensión –llamada en este caso contributiva–. Pero tengamos en cuenta que las cotizaciones que hacemos los trabajadores de hoy, no se guardan en ningún sitio, si no que con ellas se pagan las pensiones de los jubilados de hoy: en España tenemos un sistema solidario de reparto.

Por otra parte, las aportaciones a planes privados de pensiones, son una fórmula de ahorro para la parte de la población que tiene el privilegio de disfrutar de ingresos constantes durante su vida o dispone de un patrimonio suficiente. Actualmente la mitad de las familias en España no pueden ahorrar según el CIS.

Durante años, para calcular pensiones, hemos configurado una ecuación con unas variables evidentes: número de cotizantes (en descenso), cuantía de la cotización (en descenso), pirámide demográfica (desfavorable), años cotizados (menos, por el paro), ahorro personal, años de ahorro, intereses, vida media del ciudadano (en aumento)… Las personas que trabajan en el mundo del ahorro indican con lógica matemática, que todas las variables vaticinan un colapso del sistema de pensiones en no mucho tiempo.

Parece que se podrá garantizar una pensión mínima –cada vez más mínima–, pero que si no lo resolvemos, los próximos jubilados después de trabajar un porrón de años, vamos a tener una vejez muy cruda porque el importe de la pensión media bajará notablemente y el ahorro es imposible para el 50% de las familias.

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Los expertos hacen bien su análisis, pero en pensiones en este momento, más que análisis se necesitan propuestas: propuestas sociales. Sí, hay que hacer política, aunque eso no se estila.

En materia de pensiones, hay una mirada al limbo prolongada, para evitar tomar decisiones. Nuestros políticos convocan al Pacto de Toledo, y durante meses técnicos expertos en planes de pensiones procuran inspirar a sus señorías… Y como no les sale la ecuación de las pensiones, equilibran la igualdad a martillazos: «Y como me faltan 8.000 millones, lo resuelvo con este nuevo impuesto» o «emito Deuda Pública, y solucionado». Son ñapas de urgencia, cortoplacistas, ruinosas y en contra de todos los criterios presupuestarios de la Comisión Europea.

Si la ecuación es irresoluble con las variables existentes actualmente, la solución pasa por incorporar nuevas variables que se deben de establecer con la lógica del siglo XXI: deben ser variables perdurables y no efímeras, necesarias y no superfluas, que tengan un valor económico a nivel individual y también a nivel macroeconómico. Si a estas condiciones evidentes sumamos la posibilidad del uso de la tecnología personal para la medición de dichos factores, perfectamente nos podemos plantear un escenario, en el cual enfoquemos nuestro objetivo con los objetivos principales de la humanidad en los próximos decenios: la simple supervivencia del planeta.

Alimentar a todos los habitantes del planeta o establecer una economía circular baja en carbono con fuentes de energía renovables es impensable de conseguir tan solo por el acuerdo de los gobiernos o de las grandes empresas. Tampoco tan sólo con la concienciación o la educación cívica. Es necesario alinear a los ciudadanos del mundo respecto a su comportamiento en cualquier decisión económica diaria (su consumo) y el resto de decisiones cotidianas (en el trabajo, viajes, tiempo libre, deporte, salud…), y eso hasta ahora se reducía a políticas de regulación hacia las empresas y educación para los ciudadanos. Ello es insuficiente, los objetivos se conseguirán mediante políticas de incentivos económicos para los ciudadanos, a través de los premios económicos ofrecidos por las empresas (RSC) y administraciones, en forma de aportación a la pensión.

En este sentido se armó la propuesta, que la AEFI (Asociación Española de Fintech e Insurtech) quiso presentar en comparecencia al Pacto de Toledo, pero que a sus señorías no ha dado tiempo a contemplar desde diciembre de 2016. Que tengan que innovar sobre pensiones, precisamente los parlamentarios que son quienes tienen las pensiones garantizadas, es una aberración más. Por cierto que ningún grupo parlamentario movió un dedo para que la propuesta fuese al menos escuchada.

Pues bien, sus señorías, se han equivocado de plano: la Comisión Europea en uno de los programas de innovación más exigentes del planeta (H2020) sí que ha visto la idoneidad de la propuesta y va a financiarlo como proyecto europeo, dentro del Reto Social 6: «sociedades innovadoras, inclusivas y reflexivas». Ya les avisaré, cuando un político español, de cualquier partido, baje del púlpito de la demagogia para interesarse de una manera real por la propuesta de innovación en pensiones, premiada en Europa y que acaba de firmar un convenio con China.

*Delegado de la AEFI en Pensiones, CEO de Pensumo

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Pensumo y China

El día 10 de mayo de 2017, Pensumo firmó un acuerdo colaborativo con la Asociación de Cooperación Comercial de España y China, representada por su presidente el señor Xinte Wang.

La firma tuvo lugar a las doce horas en el edificio CIEM de Zaragoza. Dicha asociación con el apoyo de de la empresa que gestiona dicho edificio, InitLand, prepararon el evento de presentación del espacio en la cual va a residir la entidad facilitadora. Todo se realizó con gran detalle: banderas chinas, de la Comisión Europea, de España y de la ciudad de Zaragoza adornaban el área de “La Colmena” del CIEM, donde lucía también una hermosa alfombra roja de grandes ocasiones.

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Como invitados especiales se encontraba: Francisco Javier Andrés Álvez (gerente de Aragón Exterior) , Mari Cruz Soriano y Don José Ignacio Notivoli Mur (Concejal del Ayuntamiento de Zaragoza), además de otras personalidades de la política local y Delegación del Gobierno de España.

El señor Wang presentó su oficina como una entidad que ya lleva trabajando más de 5 años en España, pero que desde hace solo 3 meses empezaron en Zaragoza. Su propuesta es impulsar el comercio entre China y España con productos y servicios de alta calidad. La primera empresa con la que van a empezar a negociar para que este proyecto tan ambicioso sea posible es Pensumo, del cual dicen que es una empresa que anima al beneficio y al desarrollo sostenible para ambos países.

La Asociación hispano-china se compromete al desarrollo continuo comercial de ambos países apoyando la innovación y el beneficio mutuo y esperan que los inversores chinos vean en Aragón una potencia económica de innovación en empresas como Pensumo, dónde esperan que este acuerdo beneficie a ambas partes.

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La ceremonia clausuró con el anuncio de colaboración con el periódico OuHua, el único medio de información independiente chino establecido en España y con la firma de colaboración de Pensumo con la oficina de comercio entre España y China. Lo rubricaron Xinte Wang presidente de la Asociación bilateral y Jesús Sanz Carbó director TIC de Pensumo.

La agencia oficial de noticias china XINHUA recogió la noticia, y hoy aparecen en distintos medios asiáticos, todas estas referencias respecto al sistema PENSUMO:

 

Alicia Orós Francia -Historiadora del Arte, especialista en Civilización China-

Seguros y economía circular

La economía circular aboga por la utilización eficaz de los recursos con el fin de generar un crecimiento inteligente, sostenible e integrador (Estrategia Europa 2020 Comisión Europea). Ante un planeta de recursos limitados, el Parlamento y el Consejo Europeo pretenden crear el marco político y normativo adecuado que realice los cambios e innovaciones necesarios dentro de una economía eficiente y con baja emisión de carbono.

Por ello, se acepta ya, que tanto los productos, como los materiales, se deben mantener en el ciclo económico el mayor tiempo posible de forma que estos recursos pero también los servicios, residuos, materiales, agua, energía… sean ciclos cerrados con una reutilización permanente.

El caso es que existe un recurso material (bastante importante) que parece permanecer al  margen de estas tendencias: el dinero.

Por un lado, la ortodoxia más pura se mantiene en la máquina de fabricar dinero, o al menos eso creemos, porque las políticas de emisión de moneda son de las cosas más secretistas que existen en la conciencia colectiva.

preguntas pensionesY así, pensamos en el reaprovechamiento de los recursos naturales y en la racionalización de los recursos humanos, pero no en la racionalización (que no “doble uso”) del dinero, que parece ajeno al requerimiento de esa eficiencia. Parece que en economía todo es revisable menos el factor moneda. Y cuando pensamos en economía circular y moneda, lo hacemos en términos de sustitución: el bitcoin, las monedas locales piratas, pero quizá no haya que ir tan lejos… y eso a pesar de la desconfianza en el sistema financiero.

Las aseguradoras tienen, en principio, las características como para entrar plenamente -y con fundamento- en los entornos de Economía Circular, ya que sus fines son ofrecer cobertura a los riesgos económicos dentro de unos principios técnicos que aunque se redactaron en el siglo XX, son proyectables hacia los paradigmas del mundo insurtech y cuando se hablaba de individualización, selección y división de riesgos, probabilidad o número de siniestros, no hacemos otra cosa que pensar en segmentación y bigData.

La frase tan usada hoy de “medir para reconocer y gestionar” encaja de manera apabullante en el sector del seguro y en el reto que se afronta está en adecuar los recursos humanos y técnicos a estos requerimientos: buscar nuevos modelos de negocio que incidan en la customización de los productos de acuerdo a las necesidades reales de los clientes. Pero sobre todo -y de ahí todo el rollo primero de la economía circular-, en tener la capacidad de que los asegurados son en estos nuevos ciclos económicos, pagadores pero también receptores de estímulos económicos de acuerdo a su actividad medida.

Desde el 20 de septiembre, entre las propuestas del programa “Innovation Deals” de la Comisión Europea (32 entradas de 14 países que intentan eliminar las barreras normativas y regulatorias de los mercados nacionales), asoma el “Derecho al Ahorro”, la única propuesta del sector Insurtech, que casi queda engullida entre tanta propuesta circular de aguas fecales y abonos orgánicos.

José Luis Orós  – Fundador de Pensumo -